Un cambio de paradigma exige un gran esfuerzo


¿Queremos mejorar nuestro sistema de educación?

Quiero un sistema de educación público de calidad. Las condiciones del sistema público no respetan los ritmos de aprendizaje de los alumnos ni favorecen el desarrollo de sus capacidades. Debemos cambiar el sistema, el esfuerzo merecerá la pena.

¿Queremos mejorar el inglés de nuestros hijos?

No basta con sacarse el B-2 para dar clase en inglés con fluidez. Los niños aprenden un idioma hablándolo, y hablándolo con nativos. Nuestros docentes también, colaborar con compañeros de otros países les daría la oportunidad de hablar y aprender con nativos. Muchos docentes quieren mejorar su inglés, pero no encuentran facilidades para trabajar en el extrangero. Favoreciendo administrativamente este tráfico de docentes entre países de Europa o de otros continentes mejoraremos la calidad de la educación, y del conocimiento de otras culturas y sistemas educativos por parte de la comunidad educativa.

¿Queremos que nuestros hijos aprendan mejor?

se aprende investigandoExijamos menos evaluaciones y mejores prácticas educativas. La evaluación nunca trató de ser un proceso en el que se pone nota a una persona. La evaluación no es poner etiquetas, es mejorar un proceso de aprendizaje y de enseñanza. No se pondrán notas, porque no se utilizará el premio y el castigo como herramienta de enseñanza. Se ha demostrado que se favorece el aprendizaje motivando y despertando la curiosidad de los alumnos, y esta será la única herramienta válida. Únicamente se punturá a los alumnos al final de cada etapa educativa. Sigue leyendo

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Pedagogía sistémica en Montessori Figueres: si Maria levantara la cabeza.


Hoy Google nos informa que Mary Anning cumpliría 215 años. Fue una paleontóloga, una mujer que contribuyó al avance del conocimiento como únicamente podemos hacerlo: a partir de las evidencias.

215 aniversario de Mary Anning

También Maria Montessori era científica, ella estudió medicina cuando la Universidad no estaba pensada para las mujeres. Su trabajo en el campo de la pedagogía se basó en las evidencias, motivo por el cual su trabajo tenía credibilidad y hoy en día podemos encontrar escuelas Montessori en todo el mundo.

Ando con ganas de leer a Montessori desde hace algún tiempo, y ayer, por fin, decidí buscar un libro por el que empezar a conocer su pedagogía con mayor profundidad. En la búsqueda de una referencia, se me ocurrió buscar bibliografía en el portal de quienes imparten el único máster de formación en pedagogía Montessori en España. Al entrar en la web del centro Montessori-Figueres “Centro Internacional de Formación Montessori” me encuentro con esto:

montessori sistemica

 

¡¡¿Pedagogía sistémica?!! Maria Montessori luchó toda su vida por ofrecer al mundo una pedagogía de calidad, basada en evidencias. Y en este centro, el único en España que forma a docentes en esta pedagogía, se dedican a impartir ¿pedagogía sistémica?

Si hay algo que he aprendido de esta ingrata experiencia, es que voy a leer a Maria directamente: no me puedo fiar de interpretaciones de quienes la han leído. Por muy AMIs que sean.

Formación contínua para continuar creyendo


¿Os imagináis ir a un curso sobre astronomía y que os enseñaran a leer la carta astral?, ¿Qué pensaríais de la organización?, ¿Cómo os sentiríais si además en el programa del curso no se mencionaran términos ni referencias astrológicas?, ¿Qué pensaríais si al intervenir en el curso para discriminar entre astrología y astronomía, ninguno de los asistentes ni organizadores os acompañara en la idea, y lo que es peor, que ni siquiera se abriera el debate?, ¿Qué pensaríais si el ponente es reconocido entre los asistentes como una referencia en astronomía, aprovecharan el curso para comprar sus libros y demostrarle su admiración?, ¿Y si el ponente dijera que tanto la astrología como la astronomía son creencias? Con este artículo empiezo a abordar mi experiencia en el curso “Más corazón en educación. Aprender a ser” a partir de una pregunta que deberíamos hacernos tanto padres como docentes: ¿cuando enseñas, fomentas el uso de la razón o de las creencias? (¿tu modelo didáctico fomenta el pensamiento crítico?)

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Una evaluación más justa, pero ¿cómo conseguirla?


Ayer Tomás y yo tuvimos el placer de compartir nuestra experiencia con los portfolios en un seminario de coordinadores TIC que se está llevando a cabo en el CEFIRE de Elche.

Esta mañana quería incluir una imagen en la presentación antes de enviársela a Ricardo, una imagen que me encanta cuya autoría desconocía. Buscándola en Internet me he vuelto a encontrar con las dos versiones de esta imágen, una en inglés y otra en español…

¿cuál deriva de cuál? Sigo sin saberlo, pero gracias a esta búsqueda he descubierto al autor de la versión española: Miguel Ángel Santos Guerra.

Empezando por su biografía:

Miguel Ángel SANTOS GUERRA, leonés de nacimiento y malagueño de adopción, es Doctor en Ciencias de la Educación, catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de Málaga. Es también Diplomado en Psicología y en Cinematografía. Ha sido profesor en todos los niveles del sistema educativo: maestro de Primaria, profesor de Bachillerato y profesor de la Universidad Complutense y de otras universidades españolas y extranjeras. Fue Director de un centro educativo, del Departamento de Didáctica y Organización Escolar y del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga. Escribe, cada sábado, en el periódico La Opinión de Málaga. Es colaborador de numerosas revistas nacionales y extranjeras y dirige varias colecciones educativas.

Esta cita cobra todavía, si cabe, más sentido. Si eres docente sus palabras no te resultarán indiferentes:

Algunas contradicciones que se dan en la Escuela
– Dejar en el patio un caracol para entrar en clase y estudiar en el libro uno dibujado.
– Guardar silencio para empezar la clase de lengua.
– Repetir lo que dice el profesor de forma literal, aunque la pretensión sea que haya alumnos creativos.
– Conseguir buenos demócratas en una institución jerarquizada.
– Enseñar a participar sin que puedan decidir en asuntos sustanciales.
– Pretender coeducar en una institución tradicionalmente androcéntrica.
– Educar en libertad en un lugar al que hay que acudir obligatoriamente.
– Pedir que el niño no se distraiga viendo volar una mariposa por la ventana y pretender que fije la atención sobre una dibujada en el encerado.
– Dejar fuera la vida real para conseguir que la entiendan y la expliquen desde una situación artificial.
– Pretender educar a las personas en la solidaridad mientras se plantean de forma competitiva las actividades.
– Organizar trabajos en grupo, pero hacer una evaluación rabiosamente individualizada.
– Decir que cada uno tiene su ritmo, su estilo y su capacidad para aprender pero organizar de forma homogénea la clase.
– Querer que sean creativos y, sin embargo, hacer exámenes en los que tienen que repetir literalmente.
– Dar valor a la diversidad infinita de los alumnos y establecer un currículum único para todos.

Está claro que metodología y evaluación van siempre de la mano. Cuando ayer mostrábamos qué era un portfolio, estuvimos hablando de metodologías colaborativas, de aprendizaje activo, de aprendizaje por proyectos… y es que toda herramienta de evaluación responde a unos objetivos didácticos, y éstos a una forma de entender la enseñanza y el aprendizaje. No podemos esperar que una buena evaluación mejore los resultados de nuestros alumnos, si no es coherente con la metodología, con lo que hacemos en clase.

Sabemos qué metodologías funcionan mejor, que existen formas de evaluación alternativas… y el sistema sigue cometiendo los mismos errores, una y otra vez. Como dice Santos Guerra, seguimos llenando vasos. ¿Pero por qué? ¿Por la formación del profesorado? ¿Porque tenemos clases sobresaturadas, profesores desilusionados y desbordados?… ¿Quién puede cambiarlo?

Necesitamos unas condiciones mínimas: materiales, espacio, tiempo… ¿Qué herramientas reales tenemos los docentes para educar? ¿De qué tipo de “calidad de la enseñanza” estamos hablando? Yo no quiero una escuela infantil en la que una maestra tenga que educar a 30 niños de 3 años. ¿Qué haces en esa clase cuando se cae un niño, otros dos se están peleando, hay uno que se ha hecho pipí y otros tantos lloran y gritan?

Siento que están fallando demasiados pilares de nuestro Sistema, teníamos mucho trabajo pendiente y ahora estamos sometidos a una mayor presión en peores condiciones. Quienes tiran del carro se están cansando de tanto maltrato… pero también sé que no quieren cansarse: son los que tiran del carro porque son rebeldes, optimistas, trabajadores, luchadores, saben que otra escuela es posible… Lo lógico sería que en nuestras condiciones ocurriera una revolución. Una revolución en educación y en sanidad, porque los españoles queremos un servicio público digno y porque somos muchos los funcionarios que lo necesitamos. Sólo espero que sepamos llevarla a cabo de forma pacífica y sin que nuestros alumnos salgan malparados.

Sigo preguntándome porqué personas como Santos Guerra no dirigen el sistema educativo español. Supongo que la respuesta está en lo que implica el cargo y lo que uno quiere hacer con su vida. Pero para lograr una revolución hacen falta buenos líderes. Mientras nuestro sistema educativo es dirigido por Wert, y mis compañeros se quejan del rumbo que están tomando los cambios, yo me pregunto: ¿A qué estamos esperando? ¿Qué vamos a hacer para conseguir el cambio que necesitamos? ¿Somos capaces de organizarnos, de colaborar? De nada sirve quejarse si no estamos dispuestos a trabajar por el cambio.

Un profesor de ciencias debe ser escéptico


Con todo esto que os he contado sobre la jornada valores, decidí hacerme socia del Circulo Escéptico. Hace mucho que sigo a la gente de la ARP-SAPC y del Círculo Escéptico (sin ser consciente en realidad de quién es de qué asociación), disfruto con algún Escépticos en el Pub, leo a ¡Vaya timo!, disfruto del programa vasco Escepticos EITB… Y es que siempre he tenido claro que los profesores de ciencias y las asociaciones de escépticos estamos todos en el mismo barco: tenemos como objetivo común despertar el pensamiento crítico. Un escéptico (del griego skeptikós) es una persona partidaria del análisis y la observación. Lo contrario de ser escéptico es ser crédulo: aceptar como ciertas afirmaciones extraordinarias sin analizar antes su consistencia.

Lo suyo sería que cada docente hiciera su propia declaración de Ginebra, un Juramento de Ética Profesional como el que elaborarán en educar21.es. Pero en este artículo yo voy más allá: planteo que todo profesor de ciencias debe ser escéptico, y si no, como diría @peralias, mejor dedicarse a otra cosa. ¿Por qué? Pues porque cuando enseñamos, comunicamos muchos mensajes, y los que más llegan a nuestros alumnos son aquellos que no decimos: con nuestra actitud, con nuestras acciones, con el tipo de actividades que proponemos en el aula… el mensaje que transmitimos a nuestros alumnos somos nosotros mismos. Si no nos creemos nuestro mensaje, si no nos apasiona la ciencia y la investigación (y la docencia), no vamos a conseguir otra cosa que mucha frustración: la nuestra y la de nuestros alumnos. En ese caso, sobre todo por ellos, por la sociedad de hoy y del mañana, no deberíamos dedicarnos a dar clases de ciencias.
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Valorando la jornada valores


Ayer empezaron las jornadas Educación en valores: Conocer para comprender, comprender para valorar del CEFIRE de Elche. Mi primera experiencia ha sido de intenso agridulce.

A modo collage: buenas ideas mal argumentadas, buenas experiencias fuera de tiempo y dos ejemplos de valores en un sólo suceso: el de intorerancia y el de entendimiento.

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