Enseñanza-Aprendizaje

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"Siempre que enseñes, enseña también a dudar de lo que enseñas." José Ortega y Gasset

Una evaluación más justa, pero ¿cómo conseguirla?


Ayer Tomás y yo tuvimos el placer de compartir nuestra experiencia con los portfolios en un seminario de coordinadores TIC que se está llevando a cabo en el CEFIRE de Elche.

Esta mañana quería incluir una imagen en la presentación antes de enviársela a Ricardo, una imagen que me encanta cuya autoría desconocía. Buscándola en Internet me he vuelto a encontrar con las dos versiones de esta imágen, una en inglés y otra en español…

¿cuál deriva de cuál? Sigo sin saberlo, pero gracias a esta búsqueda he descubierto al autor de la versión española: Miguel Ángel Santos Guerra.

Empezando por su biografía:

Miguel Ángel SANTOS GUERRA, leonés de nacimiento y malagueño de adopción, es Doctor en Ciencias de la Educación, catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de Málaga. Es también Diplomado en Psicología y en Cinematografía. Ha sido profesor en todos los niveles del sistema educativo: maestro de Primaria, profesor de Bachillerato y profesor de la Universidad Complutense y de otras universidades españolas y extranjeras. Fue Director de un centro educativo, del Departamento de Didáctica y Organización Escolar y del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga. Escribe, cada sábado, en el periódico La Opinión de Málaga. Es colaborador de numerosas revistas nacionales y extranjeras y dirige varias colecciones educativas.

Esta cita cobra todavía, si cabe, más sentido. Si eres docente sus palabras no te resultarán indiferentes:

Algunas contradicciones que se dan en la Escuela
– Dejar en el patio un caracol para entrar en clase y estudiar en el libro uno dibujado.
– Guardar silencio para empezar la clase de lengua.
– Repetir lo que dice el profesor de forma literal, aunque la pretensión sea que haya alumnos creativos.
– Conseguir buenos demócratas en una institución jerarquizada.
– Enseñar a participar sin que puedan decidir en asuntos sustanciales.
– Pretender coeducar en una institución tradicionalmente androcéntrica.
– Educar en libertad en un lugar al que hay que acudir obligatoriamente.
– Pedir que el niño no se distraiga viendo volar una mariposa por la ventana y pretender que fije la atención sobre una dibujada en el encerado.
– Dejar fuera la vida real para conseguir que la entiendan y la expliquen desde una situación artificial.
– Pretender educar a las personas en la solidaridad mientras se plantean de forma competitiva las actividades.
– Organizar trabajos en grupo, pero hacer una evaluación rabiosamente individualizada.
– Decir que cada uno tiene su ritmo, su estilo y su capacidad para aprender pero organizar de forma homogénea la clase.
– Querer que sean creativos y, sin embargo, hacer exámenes en los que tienen que repetir literalmente.
– Dar valor a la diversidad infinita de los alumnos y establecer un currículum único para todos.

Está claro que metodología y evaluación van siempre de la mano. Cuando ayer mostrábamos qué era un portfolio, estuvimos hablando de metodologías colaborativas, de aprendizaje activo, de aprendizaje por proyectos… y es que toda herramienta de evaluación responde a unos objetivos didácticos, y éstos a una forma de entender la enseñanza y el aprendizaje. No podemos esperar que una buena evaluación mejore los resultados de nuestros alumnos, si no es coherente con la metodología, con lo que hacemos en clase.

Sabemos qué metodologías funcionan mejor, que existen formas de evaluación alternativas… y el sistema sigue cometiendo los mismos errores, una y otra vez. Como dice Santos Guerra, seguimos llenando vasos. ¿Pero por qué? ¿Por la formación del profesorado? ¿Porque tenemos clases sobresaturadas, profesores desilusionados y desbordados?… ¿Quién puede cambiarlo?

Necesitamos unas condiciones mínimas: materiales, espacio, tiempo… ¿Qué herramientas reales tenemos los docentes para educar? ¿De qué tipo de “calidad de la enseñanza” estamos hablando? Yo no quiero una escuela infantil en la que una maestra tenga que educar a 30 niños de 3 años. ¿Qué haces en esa clase cuando se cae un niño, otros dos se están peleando, hay uno que se ha hecho pipí y otros tantos lloran y gritan?

Siento que están fallando demasiados pilares de nuestro Sistema, teníamos mucho trabajo pendiente y ahora estamos sometidos a una mayor presión en peores condiciones. Quienes tiran del carro se están cansando de tanto maltrato… pero también sé que no quieren cansarse: son los que tiran del carro porque son rebeldes, optimistas, trabajadores, luchadores, saben que otra escuela es posible… Lo lógico sería que en nuestras condiciones ocurriera una revolución. Una revolución en educación y en sanidad, porque los españoles queremos un servicio público digno y porque somos muchos los funcionarios que lo necesitamos. Sólo espero que sepamos llevarla a cabo de forma pacífica y sin que nuestros alumnos salgan malparados.

Sigo preguntándome porqué personas como Santos Guerra no dirigen el sistema educativo español. Supongo que la respuesta está en lo que implica el cargo y lo que uno quiere hacer con su vida. Pero para lograr una revolución hacen falta buenos líderes. Mientras nuestro sistema educativo es dirigido por Wert, y mis compañeros se quejan del rumbo que están tomando los cambios, yo me pregunto: ¿A qué estamos esperando? ¿Qué vamos a hacer para conseguir el cambio que necesitamos? ¿Somos capaces de organizarnos, de colaborar? De nada sirve quejarse si no estamos dispuestos a trabajar por el cambio.

Archivado en: Enseñar y Aprender, Jornadas y Cursos, Legislación y enseñanza, Pensando en voz alta

6 Responses

  1. Jaume dice:

    Excelente la presentación. Nos va servir de perlas… Eso espero!

    Gracias,

  2. [...] on aidaivars.wordpress.com Compartir:Me gusta:Me gustaSé el primero en decir que te gusta esta post. By Cacho Mazzoni [...]

  3. [...] modelo centrado en el profesor, los alumnos sentaditos y muy atentos (¿modelo “innovador”?), tal y como explicaba Santos Guerra, beben del agua que Jose María les ofrece. Si en la clase los profesores somos la fuente del [...]

  4. [...] Una evaluación más justa, pero ¿cómo conseguirla? [...]

  5. Santos Guerra es un farsante dice:

    Santos Guerra es un excelente pedagogo. Esto es: un teorizador sobre educación que sólo ha visto un niño en las fotos de los colegios que evalúa por encargo de la Junta, o de camino hacia una de sus múltiples conferencias. No es que sus ideas sean mejores o peores, es que jamás las ha podido poner en práctica, porque ni siquiera trabaja con jóvenes donde le pagan por hacerlo: en la universidad. Su asignatura es el perfecto ejemplo de aprendizaje cooperativo… sin profesor. Con suerte, asiste al 25% de las clases. Yo me pregunto cómo puede una persona que jamás ha cogido una piedra explicarle a un cantero la mejor forma de tallarla.
    Así es Santos Guerra. Y su dibujo del elefante y el mono, o el ejemplo de lanzar a una diana con los ojos vendados, ya están sobreutilizados. Debería empezar a cambiar el repertorio.
    Los protagonistas del cambio educativo debemos ser LOS QUE ESTAMOS EN LAS AULAS, trabajando con niños y jóvenes. Basta de teorías elaboradas por personajes que van de “progres” y lo que hacen es enriquecerse a costa de un público obnubilado.

    • Aida Ivars dice:

      No conozco el historial profesional de Santos Guerra. Estoy de acuerdo con que un pedagogo debería pisar las aulas, sólo con alumnos en distintas situaciones, pero sobretodo acompañando a otros docentes y familias, en distintos modelos educativos, sistemas y países. El trabajo del pedagogo no es el de educar, sino el de estudiar a quienes educamos para extraer conclusiones que puedan ayudarnos a hacer mejor nuestro trabajo. Debe experimentar, pero sobretodo conocer experiencias en detalle.
      La viñeta del pez y el mono viene de una frase de Albert Einstein: “Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su capacidad de escalar árboles, vivirá toda su vida creyendo que es inútil.” ¿No te parece que el sistema educativo debería conseguir que todos desarrollemos nuestro potencial, para poder ponerlo al servicio de la sociedad y para nuestra propia felicidad, en lugar de centrarse en hacernos pasar a todos por las mismas pruebas? Por desgracia esta frase convertida en viñeta sigue vigente…
      Me hubiera gustado despedirme. Sigue comentando. Gracias por el comentario, aunque sea anónimo.

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