Innovar para aprender a enseñar


Ayer tuve la suerte de asistir a la I Unconference Virtual: Dialogamos sobre Comunidades de Aprendizaje de Otra escuela es posible, un proyecto de Jaime Olmos que no os podéis perder. Me ayudó mucho a pensar sobre los factores del sistema que condicionan mi trabajo.

En los lugares en los que he trabajado no había ninguna intención de acercarse a este modelo de centro, y sí había una marcada gerarquía que separaba al equipo directivo del resto de los mortales. He sentido la impotencia de los compañeros que te hablan sin querer que se les oiga muy fuerte, de quienes luchan por mejorar las cosas trabajando más allá del horario de trabajo y se les ningunea y se les infravalora. ¿Por qué pasan estas cosas? No es por falta de ganas de que el centro vaya a mejor: eso lo deseamos todos, sobretodo la directiva. Es por falta de comunicación y de recursos. Gestionar un centro facilitando se escuche a todos, que se den oportunidades de cambio y valorando a quienes están dispuestos a invertir su energía y su tiempo en mejorar el funcionamiento del centro no es tarea fácil, pero es necesario. Ayer compañeros que son miembros de un equipo directivo innovador nos contaban su frustración por no tener el apoyo del claustro de su centro y de la administración. Y otros como padres, contaban que necesitan que se les abran las puertas del centro, que los padres están deseando participar pero necesitan que se les invite a entrar a formar parte del funcionamiento del centro.

Es reconfortante encontrarse con gente implicada, que se encuentra con dificultades parecidas o complementarias a las tuyas, y que sigue luchando para conseguir una escuela mejor para todos. Conocer centros en los que hay intención de escuchar, de compartir, de aprender de los demás, de que toda la comunidad, padres, profesores, directiva y alumnos luchen por conseguir la misma meta. Sea en comunidades de aprendizaje o en otro modelo de centros, lo que marca la diferencia entre un centro y otro es la flexibilidad, disponibilidad y la dedicación con la que se trabaja en educación.

Ayer tuve la oportunidad de reflexionar a cerca de los factores que influyen en el éxito de mi trabajo: en la experiencia que mis alumnos tengan en mis clases. Sea o no en comunidades de aprendizaje, parte de mi trabajo es perfeccionar mi propio modelo didáctico, a base de conocer otros modelos, conocer y aplicar distintas metodologías, herramientas de aprendizaje y procedimientos de evaluación. No valen los modelos de los demás, ni existe “el modelo correcto”. Por que todos los docentes enseñamos desde quienes somos: la enseñanza, igual que la comunicación, es personal y no es imparcial.

Me encantaría vivir la experiencia de trabajar en una comunidad de aprendizaje, como me encantaría trabajar en un centro en el que pudiera trabajar por proyectos, que es la metodología que da mejores resultados en el aprendizaje de la ciencia. Vivir experiencias distintas es deseable para quien quiera tener una visión amplia y global de cómo puede ser la educación. Pero en el fondo, el tipo de experiencias que tengamos en nuestro trabajo no depende del centro, depende de nosotros, de lo que estemos dispuestos a probar, a crear. Podemos aprender de lo que se hace en otros centros que da buenos resultados y adaptarlo al nuestro. Y al hacerlo estaremos creando experiencias nuevas para nosotros, para nuestros alumnos, familias, para ese centro: muchos llaman a esto innovar. En el acto de investigar y crear, de innovar, está también nuestro aprendizaje como profesores, y del mismo modo que les pasa a nuestros alumnos, aprendemos también de nuestros errores, avanzando paso a paso, contando con la evaluación que nos hagan nuestros alumnos, conversando con nuestros compañeros a cerca de los procesos y teniendo una mente orientada al crecimiento: con espíritu constructivo y de superación.

Os dejo con un vídeo TED en el que una profesora nos cuenta su experiencia: ¿Cómo aprender? A partir de nuestros errores. Ella explica muy bien que las escuelas ya no son un lugar en el que conseguir información, sino un lugar en el que tener experiencias de aprendizaje. Por eso necesitamos abandonar la cultura de la respuesta correcta, y entender que para aprender necesitamos investigar, crear, estar motivados, y en cualquier caso, es necesario entender el error como parte del proceso de aprendizaje (también nosotros, desde el ejemplo).

5 comentarios en “Innovar para aprender a enseñar

  1. Excelente entrada Aida.

    Subrayo tres condiciones para que un centro desarrolle dinámicas de innovación: implicación o compromiso, deseo de aprender y disposición a escuchar. Y una actitud fundamental: flexibilidad.

    Además comparto totalmente la idea de que si valoramos la importancia de los errores en los aprendizajes de los alumnos, también debemos hacerlo con los nuestros propios, y naturalmente con los de nuestros compañeros de trabajo.

    Profesionalmente cada docentes es diferente y ninguno es dueño de recetas mágicas.

    ¡Enhorabuena!

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