La argumentación como participación en las prácticas científicas


La segunda conferencia de las las VI Jornadas fue la de Maria Pilar Jiménez, “La argumentación como participación en las prácticas científicas”. Con este artículo no pretendo hacer una síntesis de la intervención de Maria Pilar. Únicamente hablaré de las ideas que despertaron en mi dos de los temas que trató en su conferencia.

En su intervención nos habló de Pisa y la competencia científica, de aprender a aprender y de la argumentación como evaluación. Me gustó particularmente que tratara el tema de ciencia vs pseudociencia, pero no me acabó de gustar la forma en la que trató el tema de las creencias. Y eso es bueno, porque me hizo pensar en cómo lo trato yo y en cómo lo quiero tratar.

Es fácil entender que quien tenga las mismas convicciones que tú, sea más fácilmente aceptado o bien visto por ti. En mi caso, cuando alguien me dice que es ateo, me produce la sensación de que tiene una mente libre. Supongo que a quien sea creyente, conocer a otra personas de sus mismas convicciones le producirá algún tipo de alivio. Y sin embargo, es absurdo pensar que alguien que cree en Dios no es capaz de pensar por si mismo, del mismo modo que es absurdo pensar que quien no crea en Dios, sí es capaz de pensar por si mismo. Y es que este tema es un tema complejo.

Mi último artículo Declaración de Ginebra para el docente el resultado de lo último que había estado trabajando, el contrato de aprendizaje, y de una idea que me vino a la cabeza hace tiempo, después de una conversación con Fernando. Fernando es un sacerdote mercedario en venezuela, y yo soy atea, ambos de firmes convicciones opuestas. Sin embargo, nuestras palabras siempre han sido muy positivas. Y estoy covencida de que es porque ambos somos muy respetuosos con las convicciones de los demás y porque tenemos la intención de no juzgar a los demás por las convicciones religiosas que tengan o no tengan. Para mi esto es fundamental, como profesora, como compañera y como persona.

El tema de la religión y de las creencias en torno a la existencia de Dios, es un tema muy personal, que tiene que ver con temas como la muerte, el sentido de la vida,… y con la educación, con las experiencias que hayamos vivido y con la capacidad que tengamos para tratar todos estos temas de forma que nos sintamos bien emocionalmente. Es un tema complejo, son decisiones muy personales, y como tales decisiones además, podemos cambiarlas a lo largo de nuestra vida.

Digo todo esto no por las palabras que utilizó Maria Pilar, sino por las ideas en las que me hizo pensar a mi. Ella nos dijo que era atea, y trató el tema de ciencia-religión de pasada. Yo siempre he sentido que un científico o alguien que se dedicara a divulgar o enseñar ciencia, que fuera una persona religiosa, era una persona que no se creía lo que predicaba, o que predicaba lo que no se creía; en todo caso entraba en contradicción. O bien no estaba convencido de que para fiarse de una idea hay que tener alguna prueba, que es en lo que se basa la ciencia; o bien no estaba convencido de que existiera Dios, “pero por si acaso” (que es lo que dicen muchos agnósticos). De forma que una persona religiosa que se dedicara a la ciencia nunca me ha dado mucha confianza.

Mientras escuchaba a Maria Pilar pensé en que la mayor parte de las personas entramos en contradicción con algo de lo que pensamos y/o hacemos, seamos o no “religiosos y científicos”. En realidad, en esta intervención ella misma entró en una contradicción que es muy común en los profesores.

La mayor parte de los profesores piensan y transmiten en sus clases que no hay que creer “porque sí” las ideas de otras personas, que siempre hay que tener alguna prueba, algún argumento objetivo, y que no hay porqué fiarse de las opiniones de los demás, por muy expertos o Premios Nobel que sean. (Los casos más conocidos son las teoría racistas de James Watson y la teoría de la memoria del agua de Luc Montagnier. En estas jorandas, por cierto, se nombraron ambos casos.)

Maria Pilar nos propuso un par de ejemplos para ilustrar que es importante no decirle a los alumnos que algo es una prueba de una teoría, y dejarlo ahí: que es importante que los alumnos entiendan porqué es una prueba, trabajando los argumentos por los que algo es una prueba de una teoría. No obstante, al final de su intervención, nos contó que en algunos momentos, en las aulas, sí es necesario decirle a los alumnos: “Esto os lo tenéis que creer, porque no tenemos tiempo de explicarlo en clase.” Los profesores asistentes estuvieron de acuerdo con sus palabras, seguramente porque ellos hacen exactamente esto en sus clases.

No obstante, si lo que queremos es que nuestros alumnos no “crean”, sino que utilicen la argumentación, piensen, reflexionen, organicen sus ideas y entiendan el sentido de las teorías que estudian, darles la orden de que “esto se lo crean porque sí” es entrar en contradicción con nuestra intención.

Hay una frase que me encanta de José Ortega y Gasset, que elegí como descripción corta de este blog cuando lo creé en 2007, “Siempre que enseñes, enseña también a dudar de lo que enseñas.

En mi opinión, en caso de no poder trabajar en profundidad un tema que nos vemos obligados a trabajar en clase, y en caso de no ser capaces de hacerles trabajar en profundidad, sería más adecuado decirle a los alumos:

Esto no podemos trabajarlo más en clase, porque no tenemos tiempo de explicarlo en clase. Así es como

  • la ciencia lo entiende hoy en día
  • se desarrolló históricamente la ciencia

Pero sería recomendable que no os lo creyerais, y buscarais algún argumento/contraargumento a esta teoría.

En realidad, ni siquiera me vale quedarme con esto. Cada vez que me ocurra que mis alumnos no puedan entender el sentido de una teoría o procedimiento, o algún concepto o proceso, lo que yo quiero es irme de cabeza a mi portafolio y ponerme a trabajar para que esto no vuelva a ocurrir. Porque yo creo que el entender un concepto o un proceso no ha de ser un trabajo para casa, o un “si da tiempo”, ha de ser un trabajo de aula y en grupo.

En su intervención también nos habló de una experiencia en la que a unos alumnos que habían estudiado el tema de transferencia de protones, se les propuso en el laboratorio calcular la molaridad de una disolución de sosa, y que les costaba muchísimo o no sabían hacerlo. A mi me recordó a un alumno al que se le explicara la mecánica de un coche, dónde está el acelerador y el freno y para qué sirven, que hubieran resuelto teóricamente problemas de circulación, y entonces les dijéramos a este alumno: “Ya tienes todos los conocimientos que hay que saber para conducir: ahora súbete al coche y llévame a Madrid”.

Creo que está claro cuál es el problema: que en clase muchas veces nos olvidamos de que a andar, aprendemos andando. Y que para aprender a andar, las personas nos caemos hasta que aprendemos a estabilizarnos. Debemos aprender haciendo, y además, no tener miedo a equivocarnos. Lo que hacemos cuando aprendemos es ir probando distintas opciones hasta que encontramos la mejor solución. Y mientras probamos, podemos equivocarnos, pero sólo aprenderemos a reconocer nuestros errores si nos equivocamos haciendo.

Aprovecho para pasaros un recurso que compartió con nosotros y que os resultará muy interesante: Actividades para traballar el uso de pruebas y la argumentación en ciencias de roda USC MtG.

3 comentarios en “La argumentación como participación en las prácticas científicas

  1. Tus reflexiones, interesantísimas, sobre todo el hecho de que las hagas, y las compartas. La incongruencia, la incoherencia, son compañeras habituales del ser humano. Las de la ponente, y las de todos nosotros y nosotras.

    Sin embargo, me parece importante la pista que esto nos da: ciencia y creencias son dos universos distintos, casi complementarios. Es cierto que entre las personas con formación o profesión científica hay más ateos (creo que @profesorjano puso un enlace sobre esto), yo diría que es hasta normal, porque donde hay ciencia no cabe creencia. Pero sobre los asuntos puramente de la fé, no hay ciencia que valga: si llamamos a cierto constructo ALMA, y le asignamos como atributo la INMORTALIDAD, casi estamos hablando de literatura, de poesía,
    nada que ver con el objeto de estudio de la ciencia…y absolutamente respetable.

    El problema gordo es cuando el mundo de las creencias trata de instalarse entre las teorías científicas. Y ahí no vale respeto; desde mi punto de vista, ahí hay que ser implacable con las creencias, sean estas de tipo religioso, u otro tipo cualquiera.

    Creo que el mensaje importante para los alumnos es este: que sus creencias pueden ser o no desmentidas por la ciencia, y que pueden seguir aferrados a esas creencias tanto tiempo como quieran, pero sabiendo que son eso, creencias, y que, por tanto, la posibilidad de predecir y acertar dependerá de cosas como la suerte, o lo cerca que esté la creencia en cuestión de lo que la ciencia ha demostrado.

    Y si somos capaces de enseñar esto… independientemente de nuestras creencias, o la falta de ellas, seguramente estemos haciendo un buen trabajo.

    Genial el post, de verdad. Me ha encantado leerte.

    Un abrazote

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  2. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Si no les permitimos a nuestros alumnos que crean en lo que quieran y que expresen sus creencias sin juzgarlas, estaremos restringiendo su libertad de pensamiento y la formación de su personalidad. Debo tenerlo siempre en cuenta.

    Gracias por tu comentario🙂

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  3. Tener la “firme convicción” de la no existencia de Dios es igual que tener la “firme convicción” de la existencia de Dios, ambos se aferran a una ideología que por lo mismo de ser “ideología” encasilla, encierra, ata, y no libera el pensamiento, no da la opción a lo contrario.
    Ahora bien, el ateo niega la “existencia de Dios” pero ¿cuál Dios? El Dios que inventaron los Judíos? o cuál de todos los dioses… porque ya todos sabemos que si llegase a existir un “Dios” es obvio que nada tendría que ver con la mitología que nos han enseñado a creer, si llegase a existir un Dios estaría fuera de nuestras capacidades cognitivas. Ese Dios que los exégetas, evangélicos, profetas, hermenéuticos han tratado de trasmitir no tiene nada que ver con “El Dios” al que me refiero, y el Dios al que me refiero es un Dios que está más allá del bien y del mal, que no tiene nada que ver con infierno y cielo, que no tiene nada que ver con la vida y la muerte, que no tiene nada que ver con la salvación, con reencarnación o resurrección, con liberación, con opción preferencial por los pobres, con la eucaristía, con la biblia, con el antiguo testamento, con el nuevo testamento, con las profecías, con los milagros, con la oración, el Dios que sospecho que existe no tienen nada que ver con “hacerte sentirte bien” o “rezarle en las noches” y que tiene una madre y que tiene un hijo, todas esas cuestiones antropomórficas que más que bien han deteriorado la “imagen” que pudiéramos tener de ese Dios que trasciende el castigo, el amor, la recompensa y demás estupideces humanas.
    Quizá El Dios que existe simplemente es, simplemente está, sin principio ni fin, sin cargas emocionales, con juicios de valor, es un Dios Cósmico, un Dios oceánico, un Dios inconmensurable para la mente humana que quiere entenderle y plasmar algo de lo que sospecha que es Dios.
    Dios no tiene nada que ver con la salvación del pueblo judío ni con la salvación de tu vida personal ni que si te confiesas o no, ni que si tienes fe te salvarás, ni con eso de “fe con obras”. Dios trasciende cualquier constructo humano.
    Entonces ¿qué es o quién es Dios? Dios está allí, en silencio, en la eterna contemplación, es el eterno silencio, (no confundir con el “Nirvana”), es el eterno ser, el eterno estar, la vida misma es Dios, (sin caer en lo que intenta pregonar la “Nueva Era” o por otro lado el “panteísmo” que dice que todo es Dios”), Dios va más allá de semejantes filosofías o constructos mentales. A Dios no le podemos describir, por eso Santo Tomás de Aquino quemó gran parte de sus escritos cuando supo lo que en realidad era Dios. Por lo tanto Dios está allí, quieto, Dios es la vida misma, la Galaxia, el Cosmos, el Universo, el Todo, sin sonreír, sin pensar, sin un plan para el humano… simplemente está allí, y ya dije, esto no tiene nada que ver con la “new age”. Por lo tanto Dios no tiene nada que ver con ir a misa los domingos, o ayudar al prójimo, portarse bien, nada que ver.
    Así tenemos pues que la ciencias es una cosa y las creencias (que pertenecen a la Genencia) es otra cosa, muy distinta, estoy de acuerdo que una cosa es lo objetivo, y otra lo subjetivo o Sujetivo, una cosa es la ciencia y su lucha contra el hambre y otra es la poesía.
    Saludos!

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