El segundo taller – III Jornadas en Madrid


El segundo taller al que asistí fue Experiencias bajo presión, de Santiago Clúa del Colegio Sagrado Corazón de Jesús de Madrid. La mayor parte de las experiencias que se hicieron en el taller las he encontrado más tarde navegando por internet en esta fantástica web de Rafael García Molina de la Universidad de Murcia. Sin embargo Santiago trajo unos montajes muy chulos de jeringas y válvulas, que mostraban el funcionamiento del gato hidráulico, y además nos enseñó un radiómetro (yo nunca había visto uno).

Una cosa que me resultó muy llamativa de este taller fue algo que no tiene que ver directamente con la naturaleza del mismo: el profesor que impartía el taller afirmó que “no pasaba nada si los alumnos tocaban el Mercurio y jugaban con él”. Bien, obviamente no pude evitar responder a esta afirmación, y decirle a Santiago que si el mercurio es neurotóxico, quizá no deberíamos animar a nuestros alumnos a jugar con él. Él me contestó que la piel no la atraviesa cualquier cosa, que él  y sus alumnos habían tocado el mercurio muchas veces y no pasaba nada, y los otros profesores presentes en el taller afirmaban su contestación. Su argumento a favor de esta postura era que si los alumnos tocaban el mercurio, podrían interesarse más por la ciencia.

Buscando en Internet más información sobre el tema, para mi fue una sorpresa encontrar en Medline:

MERCURIO ELEMENTAL

Es bastante inofensivo en caso de ser ingerido o tocado. Es tan denso y resbaladizo que generalmente se desprende de la piel o del estómago sin ser absorbido.

Sin embargo, se puede presentar daño considerable si el mercurio se convierte en gotitas aéreas pequeñas que se inhalan hacia los pulmones. Esto a menudo puede ocurrir por error cuando la gente trata de aspirar el mercurio que se ha derramado en el suelo.

Según esto, a pesar de que el mercurio es el único metal volátil -siendo los vapores de mercurio incoloros e inodoros- la peligrosidad del mercurio elemental está en inhalarlo.

Por otra parte, en la página de la ATSDR (Agencia de Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades) encuentro:

Aún a niveles bajos, mercurio metálico puede causar problemas de salud. La exposición al mercurio metálico puede causar daño antes de que se presenten síntomas.

Incidentes que implican a niños de edad escolar

En años recientes, el número de informes de derrames y contaminación de mercurio metálico implicando a niños de edad escolar ha ido en aumento:

* En agosto de 1994, más de 500 alumnos en Belle Glade, La Florida, resultaron contaminados con mercurio metálico después de que tres niños encontraron 4 tarros (un total de 55 libras) de mercurio metálico en una camioneta abandonada. El equipo local de materiales desechados peligrosos descontaminó a los niños (les quitaron la ropa contaminada y les lavaron el mercurio metálico de su piel). Más de 20 familias tuvieron que ser evacuadas mientras descontaminaban sus hogares.
* En noviembre de 1994, estudiantes de la Universidad Atlántica de La Florida en Boca Ratón, La Florida, sacaron mercurio metálico de uno de los laboratorios de la escuela. Estudiantes internados en el dormitorio fueron evacuados y alojados en un hotel local, mientras se descontaminaba el dormitorio.
* En junio de 1996, mercurio metálico fue sacado de una escuela secundaria en San José, Misuri, y usado dentro y fuera de la escuela por un grupo de adolescentes. Aproximadamente 200 niños fueron examinados para determinar exposición a mercurio metálico; un niño fue hospitalizado y otros cinco recibieron tratamiento como pacientes externos para eliminar el mercurio de sus sistemas; 20 otros niños tenían niveles de mercurio levemente elevados. Dos hogares y un automóvil requirieron descontaminación extensa.
* En octubre de 1996, una escuela preparatoria en Oskaloosa, Kansas y un hogar de convalecientes en el condado de Johnson, Kansas, fueron contaminados con mercurio metálico; 52 estudiantes y un número desconocido de residentes del hogar fueron examinados. Bajo recomendaciones de la ATSDR, la escuela se cerró por una semana, hasta que los niveles internos de aire fueran seguros. Un mes más tarde, una muestra reveló un aumento en las concentraciones de mercurio en el aire. La escuela fue re-evaluada y se hizo una limpieza adicional, como fue recomendado por la ATSDR.
* En noviembre de 1996, la ATSDR otra vez ayudó a funcionarios de la salud del estado y a la EPA con la evaluación de contaminación en una escuela preparatoria y en un hogar en Dallas, Pensilvana, cerca de Wilkes-Barre. Cuatro áreas en la escuela tenían niveles de contaminación de mercurio metálico y requirieron limpieza.
* En marzo de 1997, un estudiante de secundaria en camino a la escuela encontró mercurio metálico en la calle frente de su casa en el condado de Montgomery, Pensilvana. El estudiante se llevó el mercurio metálico a la escuela y lo compartió con tres o cuatro compañeros. También en marzo de 1997, un termómetro quebrado fue descubierés de clase en el piso de un establo en el baño de los muchachos. Se confirmó que faltaba un termómetro del inventario del departamento de ciencia. Se encontró a la escuela libre de contaminación, con la excepción de un laboratorio de ciencia y de la alfombra en un salón. Dos hogares requirieron descontaminación.

Los maestros, particularmente los de ciencia, y los administradores deben estar conscientes del interés de los alumnos por el mercurio, especialmente por el mercurio metálico, y deben tomar pasos para asegurarse de que los niños entiendan sus peligros. También deben mantener el mercurio contenido de manera segura.

Con todo esto, si los profesores tocamos el mercurio con las manos delante de nuestros alumnos, les animemos o no a nuestros alumnos a que también lo toquen (como nos dijo este compañero que hacía en sus clases), e incluso aunque les digamos a nuestros alumnos que no manipulen el mercurio en sus casas… si nosotros tocamos el mercurio con las manos, los alumnos verán que no tenemos ningún cuidado y pensarán que el mercurio no es peligroso.

No hay que olvidar que las personas aprendemos más por el ejemplo que por lo que nos aconsejan o nos dicen. De modo que este comportamiento me parece irresponsable. Si hay algo peor que recomendar una conducta peligrosa, es recomendársela a adolescentes que son alumnos tuyos. De modo que, en mi caso, cuando se de la ocasión de enseñarles mercurio a mis alumnos, utilizaré guantes, no sólo para proteger mi piel, sino también para demostrarles que no deben jugar con él.

2 comentarios en “El segundo taller – III Jornadas en Madrid

  1. Soy Santiago Clúa, el autor de la frase citada arriba. Me he encontrado con este blog seis años después de su publicación, por lo que no podría jurar lo que dije. Incluso puede que el recuerdo se haya tergiversado por el paso del tiempo. No creo que mi afirmación fuera tan contundente y creo que no se interpretó en el sentido que yo quería darle.

    Por supuesto el mercurio es una sustancia tóxica a la que hay que tener el debido respeto y manejarla con las pertinentes precauciones, entre otras evitar el contacto con la piel. También estoy de acuerdo con que no se puede dar a los estudiantes la idea de que es una sustancia con la que se pueda jugar alegremente y hay que dejarles claro los peligros que tiene. Y coincido con la idea de que se aprende más del ejemplo que del discurso.

    Lo que quería decir, permíteme que lo explique o, en su caso, que lo rectifique, es que últimamente me parece que el mercurio metálico está satanizado en exceso: hay personas que rehúyen de él como si fuera antrax y no creo que sea para tanto, aunque honestamente no soy químico ni experto en salud.

    El enlace a la página de la ATSDR citada arriba ya no funciona, pero la citada Agencia sigue existiendo y también su página. En ella, en la entrada correspondiente al mercurio, no he podido encontrar nada de lo citado arriba, sin embargo sí que he encontrado esto: “La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de EE. UU. (OSHA, por sus siglas en inglés) ha establecido límites de 0.1 miligramos de mercurio orgánico por metro cúbico de aire (0.1 mg/m³) en el aire del trabajo y 0.05 mg/m³ para vapor de mercurio metálico en jornadas de 8 horas diarias y 40 horas semanales.” No creo que a estas concentraciones de vapor de mercurio en el aire se llegue por la manipulación de unos pocos gramos de mercurio durante unos minutos. Aún diría más, las concentraciones referidas son para exposiciones prolongadas o permanentes, por lo que imagino que una exposición esporádica se podrá tolerar a una concentración mayor.

    Creo que cualquier persona acumula más mercurio en el organismo por comer pescado, principalmente grandes depredadores como el atún o el emperador, o por respirar las emanaciones de las incineradoras presentes en cualquier ciudad o la quema de residuos de cualquier pueblo, que por la exposición al mercurio que una o dos veces en su vida pueda tener un alumno en el aula. Y no digamos ya de alguien que tenga dentro de su propia boca empastes de amalgama de mercurio (los negros que se usaban antes)

    Lo que nunca se me había pasado por la cabeza es aspirarlo, efectivamente a quien se le haya ocurrido semejante idea o es muy inconsciente o muy irresponsable.

    Sí que hay un peligro real, y es por lo que efectivamente cada vez soy más reacio a llevar el mercurio al aula, es que se acabe cayendo alguna gota al suelo, ya que es prácticamente imposible recogerlo en su totalidad.

    Me parece un poco exagerada la cita que pone arriba “También en marzo de 1997, un termómetro quebrado fue descubierés de clase en el piso de un establo en el baño de los muchachos. Se confirmó que faltaba un termómetro del inventario del departamento de ciencia. Se encontró a la escuela libre de contaminación, con la excepción de un laboratorio de ciencia y de la alfombra en un salón. Dos hogares requirieron descontaminación.” además de mal expresada (yo diría que hay que cuidar más las citas que se eligen). ¿A quien no se le ha roto en su casa un termómetro de mercurio? ¿Y luego llegó un equipo de descontaminación y precintó la casa hasta que se verificó su total descontaminación?

    Confieso haberme sentido un poco dolido y entristecido por “la crítica” del taller. Dolido por el tono, parece que el único ánimo de la misma es poner de manifiesto mi irresponsabilidad. Y entristecido porque si es lo único que merece la pena reseñar del taller es que fue muy malo, pensé que aportaba algo más.

    Después de escribir todo esto y antes de publicarlo, he ojeado tus blogs, portfolios, etc. y he descubierto una bonita casualidad, ambos tenemos una hija que se llama Iris. Me han gustado tus reflexiones y me ha parecido que te lo curras un montón.

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    • Hola Santiago,

      En primer lugar gracias por tus palabras. Siento que este artículo te haya molestado. Recuerdo que lo escribí precisamente a cuento del tema del mercurio, y por eso gran parte del mismo lo dedico a hablar de este tema. Mi interés no era hacer una crítica del taller, sino comentar mi andadura, mi aprendizaje, lo que a mi me había llamado la atención, me había gustado más o menos.

      En el artículo quise escribir sobre el uso del mercurio porque me llamó la atención, y porque pienso que es un tema que deberíamos plantearnos quienes enseñamos ciencia. Supongo que es un debate que a mi me hacía falta, un debate en torno a la necesidad de usar sustancias peligrosas con adolescentes (más allá del mercurio) y cuáles definimos como peligrosas y en qué medida. Reconozco que es un tema más complejo de lo que parece. Por una parte está la motivación, como tú apuntabas. También está el poder hacer una investigación, o una práctica o una demostración en el aula de aquello que se quiere aprender de forma teórica (una ley, teoría, etc). Con todo, la pregunta a la que quería llegar es, ¿se puede aprender ciencia sin manipular sustancias peligrosas en secundaria?

      En la red podemos encontrar muchos ejemplos de experiencias no peligrosas, demostraciones como las de http://fq-experimentos.blogspot.com.es/ realizadas con materiales caseros, y que son sorprendentes, despiertan la curiosidad. Y para ello no necesitan ser peligrosas. Lo que siempre se ha conocido como ciencia recreativa, que podemos leer a distintos autores como Yacov Perelman en http://www.librosmaravillosos.com/, nunca ha sido ciencia peligrosa. La curiosidad no depende de lo que se mira sino de cómo se mira. Y la motivación se contagia, la forma con la que nos expresamos conduce la mirada de quien observa. Permitir hacer a los alumnos es muy importante, que sean progagonistas. Pero también evitar riesgos innecesarios. Se pasa muy mal cuando ocurre un accidente, ¿hasta qué punto podemos evitarlos? ¿Qué riesgos son necesarios para disfrutar o entender la ciencia?

      Como anécdota sobre el uso del mercurio, decir que también escuché al divulgador Claudi Mans defender que debíamos dejar que nuestros alumnos tocaran el mercurio para que se motivaran a estudiar ciencias. Usó el mismo argumento que tú. Bueno, yo sigo pensando que no es necesario tocar el mercurio para motivarse en ese sentido, hay muchos otros factores que cuidar en la enseñanza para que aumente el número de ingenieros: la motivación del profesor, el tipo de actividades que hace en el aula (si los alumnos son o no científicos en el aula, si se trabaja en grupo, si usan juegos, si son abiertos o cerrados, su diversidad, si son activos o físicos, cómo se estimula la creatividad del alumno,…), si se usan las TIC, si se relacionan otras materias con las Ciencias,… Si al alumno se le invita a un juego de rol en el que tiene que resolver un crimen supongo que estará más motivado que si tiene que escuchar cómo el profesor resuelve en la pizarra un ejercicio de movimiento rectilineo uniforme, para hacer luego otros tres ejercicios parecidos.

      Mientras resuelve el crimen se puede encontrar con un frasco que pesa mucho, y tener que resolver el misterio de la densidad. Entre tanto, puede tener el mercurio en un frasco, sorprenderse de lo mucho que pesa el frasco para lo pequeño que es, sorprendernos de que un metal pueda ser líquido, darle vueltas al frasco para comprobarlo, incluso se le puede decir al alumno que antes de abrirlo debe llamar al profesor y junto al profesor abrirlo para verlo sin más. No veo necesario tocarlo. Prefiero que los alumnos sepan que es tóxico, y que para reducir su circulación se retiraron los termómetros que podían romperse, y comentar la anécdota histórica de los sombrereros (http://www.microsiervos.com/archivo/curiosidades/sombrereros-locos.html). Puestos a que mis alumnos tocaran un metal líquido, preferiría que fuera el galio (http://eltamiz.com/2012/12/13/conoce-tus-elementos-el-galio/). Hay distintas webs donde se vende como juguete geek. Aunque mancha, porque moja, no es tóxico. Y casi sorprende más, porque mientras lo tocas, cambia de fase.

      Santiago, eres un compañero genial, porque eres auténtico y porque tú también te lo curras mucho. Espero seguirte por la red. Un saludo.

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