Enseñanza-Aprendizaje

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"Siempre que enseñes, enseña también a dudar de lo que enseñas." José Ortega y Gasset

Un profesor de ciencias debe ser escéptico


Con todo esto que os he contado sobre la jornada valores, decidí hacerme socia del Circulo Escéptico. Hace mucho que sigo a la gente de la ARP-SAPC y del Círculo Escéptico (sin ser consciente en realidad de quién es de qué asociación), disfruto con algún Escépticos en el Pub, leo a ¡Vaya timo!, disfruto del programa vasco Escepticos EITB… Y es que siempre he tenido claro que los profesores de ciencias y las asociaciones de escépticos estamos todos en el mismo barco: tenemos como objetivo común despertar el pensamiento crítico. Un escéptico (del griego skeptikós) es una persona partidaria del análisis y la observación. Lo contrario de ser escéptico es ser crédulo: aceptar como ciertas afirmaciones extraordinarias sin analizar antes su consistencia.

Lo suyo sería que cada docente hiciera su propia declaración de Ginebra, un Juramento de Ética Profesional como el que elaborarán en educar21.es. Pero en este artículo yo voy más allá: planteo que todo profesor de ciencias debe ser escéptico, y si no, como diría @peralias, mejor dedicarse a otra cosa. ¿Por qué? Pues porque cuando enseñamos, comunicamos muchos mensajes, y los que más llegan a nuestros alumnos son aquellos que no decimos: con nuestra actitud, con nuestras acciones, con el tipo de actividades que proponemos en el aula… el mensaje que transmitimos a nuestros alumnos somos nosotros mismos. Si no nos creemos nuestro mensaje, si no nos apasiona la ciencia y la investigación (y la docencia), no vamos a conseguir otra cosa que mucha frustración: la nuestra y la de nuestros alumnos. En ese caso, sobre todo por ellos, por la sociedad de hoy y del mañana, no deberíamos dedicarnos a dar clases de ciencias.

La realidad es que muchos chavales que han estudiado distintas asignaturas de ciencias en primaria y secundaria, y han tenido distintos maestros y profesores,… nunca han planteado su propia hipótesis acerca de una situación-problema, no han propuesto pruebas que la puedan sustentar y refutar, no han diseñado un experimento para obtener dichas pruebas, no han calculado resultados a partir de las pruebas, no han llegado a una conclusión con su investigación, ni la han presentado públicamente. En definitiva, nunca han realizado una investigación de cabo a rabo. (Una investigación a su medida, una investigación de verdad.)

¿Cuántas veces los docentes aprovechamos las preguntas que se hacen nuestros alumnos?

No sirve absolutamente DE NADA que les digamos qué es el método científico y pasemos al tema siguiente: “el átomo”. No entiendo cómo hay quien puede aburrir en una clase de ciencias a sus alumnos (generalmente con ayuda del libro de texto) y cobrar todos los meses como “grupo A”. A base de “dar” los conocimientos científicos que toquen en el currículum, nuestros alumnos no van a aprender mejor las ciencias, es más, tendrán una visión distorsionada de la ciencia.

EBL diagram

A andar se aprende andando, cayéndote y volviéndote a levantar. Y sobre todo, con sensación de aventura y afán de superación: con muchas ganas de andar. Tienen que investigar, plantearse casos reales, problemas de cierta complejidad y tratar de resolverlos: sólo se aprende ciencia haciendo ciencia. En esto se basan las metodologías que las investigaciones en didáctica nos dicen que funcionan (que por cierto, también es una ciencia experimental y no le hacemos ni caso): el aprendizaje basado en investigaciones (en inglés EBL, Enquiry Based Learning). Nos lo vienen diciendo desde hace muchos años: la motivación por estudio de las ciencias es pésima, nos dicen cómo mejorarlo, y muchos siguen igual.

¿No es para que nos lo pensemos todos mucho? ¿Qué consecuencias tiene la mala práxis de los maestros y profesores que enseñan ciencias?

Cuando un profesor de ciencias prefiere dar contenidos y hacer ejercicios o “problemas tipo” en sus clases, a trabajar por investigaciones (que es lo mismo que decir que prefiere enseñarles a sus alumnos lo que deben memorizar, a dejar que aprendan por sí mismos) es porque a él le enseñaron así, y porque le resulta más cómodo. Debemos parar este círculo vicioso, ¡ya! Si un profesor de ciencias no es escéptico, no se planteará el método científico cada vez que se le pone delante un problema. Un docente no escéptico está acostumbrado a asimilar lo que una fuente de confianza le diga, es decir: a aprender contenidos, a aprender procedimientos de resolución: al “copia-pega” mental. En definitiva, a ser un crédulo. De modo que, por el mismo motivo, no se planteará nunca que sus alumnos investiguen en sus clases: si es mucho pedir para él, para guiar y evaluar a los demás ni te cuento. Nunca aplicará metodologías que funcionan, y fomentará la credulidad en sus alumnos en lugar del pensamiento crítico. En mi opinión, esta persona no debería dedicarse a enseñar ciencias.

Carrera corta

Visto en CirculoEsceptico.org

Como he dicho antes, no podemos vender lo que no nos creemos nosotros mismos, lo que no somos. Por mucho que hayan más evaluaciones y más informes, años más tarde seguimos comprobando que la motivación por el estudio de las ciencias no ha mejorado y las pseudociencias son un mercado en auge. Ya no podemos seguir pensando que no es responsabilidad nuestra. Nadie ha dicho que ésta sea una tarea fácil, pero como contaba Carl Sagan en Cosmos, no hubo suficientes personas que defendieran la biblioteca de Alejandría de su fatídico final porque en la Antigua Grecia el conocimiento estaba sólo al alcance de cierta clase social privilegiada. Debemos enseñar y difundir qué es la ciencia, desde la práctica de sus métodos y no tanto por sus logros. ¿Por qué? Pues porque cuando uno practica sus métodos es cuando realmente puede conocer su significado, y utilizando esta forma de proceder que ha aprendido ahora sí sabrá cómo responder ante afirmaciones extravagantes y otros embustes. La ciencia se depura a si misma, precisamente por sus métodos, porque con ellos sabe distinguir una buena investigación de un engaño. Es por sus métodos que se han destapado falsos descubrimientos que ciertos científicos habían conseguido publicar en revistas científicas de prestigio.

Cuando un alumno únicamente aprende los logros de la ciencia (porque no practica sus métodos), el proceso mental que ha ejercitado es el “aprender lo que le cuenta el listo”: el profe, el que lleva la bata, el premio Nobel, etc. Sin cuestionar las fuentes de información, podemos llegar a conclusiones absurdas y nos engañarán sin que nos demos cuenta. Por una parte las personas inteligentes también se equivocan. Y por otra parte, hay muchas personas sin formación que se ponen una bata o te enseñan un título en gramática parda (de esos que se expiden sin pudor), y por su capacidad verbal y poder de persuasión son capaces de convencer a quien no tenga herramientas para defenderse. ¿Y qué herramientas son esas? El método científico, o lo que es lo mismo, el escepticismo. Los escépticos somos esos rebeldes que muchos profesores han criticado por preguntar demasiado en sus clases. Algunos incluso sobreviven a su educación. (Algunos somos escépticos de nacimiento: yo no tuve la suerte de llevar a cabo una investigación, en toda de mi formación, hasta que llegué al Instituto de Neurociencias. Otros aprenden a serlo, a base de sufrir engaños.) Y es que, como sabemos, el sentido común es el menos común de los sentidos… Así que, tanto para escépticos como para quienes quieran dejar de ser engañados, los métodos de la ciencia son una gran herramienta para la mente y para la humanidad: está en manos de los profesores de ciencias el hacer valer la ciencia, el espíritu crítico, el valor de la verdad y la libertad.

Ser profesor requiere muchas horas de trabajo cuando sales del centro, preparar tareas, corregir, evaluar… Y ahora yo planteo que además debemos ser escépticos. Como dice Juan Soler, el mundo del escepticismo activo es lo más duro que hay. A si que es fácil entender la GRAN ADMIRACIÓN y apoyo que les profeso a los escépticos activos, a los divulgadores de la ciencia, a mis compañeros de los que tantísimo aprendo, que siempre están dispuestos a echar una mano, a seguir aprendiendo, a montar jornadas para compartir sus ideas y sus experiencias sin ganar un duro (#novadorsOM12, #eabe12, … ¡son tantas!), a TODOS los profesores que son transparentes y que comparten su trabajo en la red: maestros, profesores de griego, de música… ¡aprendo tanto con vuestra generosidad y transparencia! Gracias por tantas horas de trabajo, por tan buena energía, por vuestras sonrisas… VOSOTROS HACÉIS QUE EL MUNDO SEA UN POQUITO MEJOR TODOS LOS DÍAS.

Archivado en: Enseñar y Aprender, formación del profesorado, método científico, Pensando en voz alta, pseudociencias

9 Responses

  1. aulainvisible dice:

    Muchísimas gracias por tus reflexiones: me revitalizan y reilusionan.

    Un placer.

  2. Xavi Pascual dice:

    Como ya te he dicho en alguna ocasión… transmites una energía que no tiene precio.

    Respecto al generoso post, I agree.
    Un abrazo.

  3. pmiguel600k dice:

    Depende.
    Cada vez me gusta más que mis alumnos me contesten depende. Es una de las mejores opciones. Pero me ha costado.
    Es verdad que nos han enseñado la ciencia acabada y la trasmitimos, es muy difícil que los alumnos acepten la idea de provisionalidad y el error.
    Gracias por el post.

    • Aida Ivars dice:

      “…es muy difícil que los alumnos acepten la idea de provisionalidad y el error.” …¡y de incertidumbre! MUY cierto. Es que son aprendizajes para la vida, y estos cuestan más: acompañémosles.

      Gracias Pedro :-)

  4. Jose dice:

    Muy buen poste. Estoy completamente de acuerdo. Sólo una cosa: sobre todo se escribe separado, acerca junto y continua no lleva tilde. Todo lo demás perfecto.

    • Aida Ivars dice:

      Ains, es lo que tiene escribir sin haber dormido. Cada vez escribo peor, tendré que escribir más. Sonrojadas gracias: me permites rectificar. ;-) Un abrazo.

  5. nicolasaqm dice:

    Qué energía… :)))

    De la misma manera, cualquier profesor de cualquier materia debería ser crítico con lo que ocurre a nuestro alrededor: un profesor de historia o una de filosofía. Y espíritu crítico no significa no estar de acuerdo, sino someter los hechos a juicio de acuerdo con los principios. Esto debe enseñarse. En la ciencia y en la letra, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza, pero especialmente, en la pobreza… En fin.

    Un abrazo y muchas gracias por tu contagioso ímpetu.

  6. Aida, la verdad es que yo lo suponía un acuerdo tácito entre profe y “conciencia profesional”… Si eres profe, “enseñas más con lo que haces que con lo que dices”. ¡Ya no te digo si eres de Ciencias! No serlo sería traicionar lo más básico de lo que pretendes enseñar :-(
    Aida, genial, como siempre. :-)

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