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"Siempre que enseñes, enseña también a dudar de lo que enseñas." José Ortega y Gasset

Valorando la jornada valores


Ayer empezaron las jornadas Educación en valores: Conocer para comprender, comprender para valorar del CEFIRE de Elche. Mi primera experiencia ha sido de intenso agridulce.

A modo collage: buenas ideas mal argumentadas, buenas experiencias fuera de tiempo y dos ejemplos de valores en un sólo suceso: el de intorerancia y el de entendimiento.

La jornada empezó con la intervención de María Pinar Merino, responsable de educación de la Fundación Valores. Nos demostró ser una persona cálida, cercana y accesible, que sabe trabajar con un grupo de gente, mantenerles despiertos y a gusto: en esto, un buen ejemplo para maestros y profesores. Nos habló de distintos tipos de valores, de la paz, la justicia, el amor, la libertad y la verdad como valores básicos, nos animó a ser creativos, a despertar nuestra intuición… hasta aquí muy bien. Nos animó a ir más al campo y menos a centros comerciales, a perder nuestra mirada en el horizonte… dijo cosas como “la curiosidad es el motor de la educación” y otras frases preciosas y muy profundas. Pero también nos contó que “el campo electromagnético del corazón es capaz de llegar 3 metros más allá de nosotros, y por eso nos permite conectar con otras personas, al contrario que el campo electromagnético del cerebro, que ¡incluso! hacen falta electrodos para poder percibirlo”… (del estilo de esta otra charla pseudicientífica) afirmando que “numerosos estudios científicos de distintas universidades lo han estudiado”, coletilla que nunca falta en un discurso pseudocientífico. También nos dijo que “el 2012 es el año de las oportunidades” (estas jornadas hacen mucho hincapié en la crisis), pero también nos dijo que “ya los egipcios pesaban los corazones de las personas para saber si habían sido buenos, grandes personas o no” y que “el miedo es un producto de la mente y no entra en el corazón si no le dejamos”. Entendido metafóricamente hubiera estado bien, pero luego dijo que “la mente enjuicia, critica, analiza… mientras que el corazón no, porque las emociones positivas son las del corazón, que está por encima de las estructuras cognitivas”, que “se ha demostrado que el cerebro recibe órdenes del corazón, porque al contrario de como se pensaba el corazón emite señales al cerebro”… ¡puff! Si encima todo esto lo dices utilizando como fondo una diapositiva que muestra la palabra “VERDAD”, y por debajo un cuadro con definiciones como: “realismo, franqueza, discernimiento, honradez, credibilidad, valentía, afán de saber, sinceridad, respeto, sentido crítico, disculparse (reconocer un error)”, ¿qué reacción puedes provocar? En personas con formación científica (con sentido crítico, afán de saber, realistas…) y sensibilidad: un intenso sabor agridulce.

Personalmente me resultan interesantes las historias de las distintas deidades griegasromanashindúes, …pero siempre que se presenten en su contexto. Los valores y las creencias guardan relación, religiones de todos los tiempos han utilizado los valores para hacerse populares. Pero me entristece que una escritora y divulgadora de la talla de María, que es invitada a encuentros y jornadas, que forma a educadores de distintos ámbitos, y se relaciona con distintas asociaciones del ámbito de la educación, utilice distintos tipos de misticismo como argumentos (el cuántico entre otras pseudociencias) y recomiende como referencia portales en los que se vende pseudociencia :-/. En sus discursos hay muchos mensajes bondadosos, bien intencionados, profundos, dignos de ser compartidos… Pero como profesora de ciencias siento que el fin no justifica los medios: no es correcto adoctrinar en pseudociencias en una jornada “de valores” y “para educadores”, sobretodo sin previo aviso, sin indicarlo en el programa. Omitir información deliberadamente es una forma de engaño y vestir las pseudociencias de “valores” es una forma de engaño muy habitual. Como también es habitual que la gente mezcle temas de pseudociencia y psicología, pero me sorprende que lo haga una persona con estudios universitarios en psicología y en cuya tarjeta de presentación dice “Responsable de proyectos educativos”. Cuando sabes esto, entiendes porqué a veces podemos encontrar anuncios de terapias pseudocientíficas en los tablones de corcho de muchas salas de profesores. En conclusión, “sin verdad no hay libertad”, lo que limita tu entendimiento es también el límite de tu libertad. Una vez más, pensé en lo importante que es tener una buena formación científica en secundaria: no para que los chavales sepan formulación inorgánica o utilizar moles, sino para que en su vida profesional, cuando sean políticos o divulgadores como María, entiendan la diferencia entre ciencia y pseudociencia, entre buscar la verdad y contar cuentos chinos, y puedan poner en práctica y dar a conocer buenos valores sin necesidad de cantar a Govinda (sí, también le cantamos en esta sesión: creo que muchos no sabíamos que estábamos cantando al dios hindú Krisná… eso sí, fue divertido).

Después de la intervención de María y la presentación del proyecto EducARTE para valorARTE, ya quedaba poco tiempo para el resto de las intervenciones, casos reales muy interesantes en los que se desarrollaban y ponían en práctica los valores humanos en el ámbito educativo: la ponencia del joven senegalés Bara y la presentación de un proyecto de judo en educación física llevado a cabo en el IES San Fulgencio.

Mientras Bara nos contaba su intensa experiencia vital, y durante toda la jornada, se escuchaban de fondo las vocecillas de los niños que algunos padres habían traído consigo a las jornadas. (Ahora viene el suceso de intolerancia y entendimiento) En un momento dado, un padre con su niña subían a la grada en la que estábamos los asistentes, cuando una chica levanta la voz interrumpiendo a Bara y le dice al padre que haga el favor de salirse con su niña para que todos podamos escuchar al ponente. Yo me quedé petrificada, no reaccioné, quizá por todo lo que ya había experimentado escuchando a María (y de quedarme con ganas de hablar con ella personalmente), quizá por la intensidad de la historia de Bara, porque le habían dicho que estaba fuera de tiempo y todavía no había hablado de su proyecto… pero seguro que por lo inverosímil de la situación: expulsar a un compañero porque viene con su niña a una jornada de valores, ¡muy coherente! :-( El padre se disculpó a la chica de voz estridente y le dijo que ya se marchaba, pero entonces ella le contestó que no le pidirera disculpas a ella, sino a todos los asistentes. A mi me dieron ganas de decirle que por favor se quedara, de pedirle disculpas por el mal trago que esta chica le estaba haciendo pasar y comentarle a esta chica que si le molestaban las vocecitas de los niños quizá no debía dedicarse profesionalmente al ámbito educativo, pero entonces (y aquí viene el ejemplo de entendimiento) el padre le contestó:

No, mis disculpas van dirigidas a ti, no al resto, porque es a ti a quien hemos molestado.

El padre había entendido perfectamente que al resto no nos había molestado, y supo contestarle desde la calma que decidía marcharse únicamente para no molestarla. Un verdadero ejemplo de comprensión, empatía y humildad.

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Archivado en: Carta abierta, Jornadas y Cursos, Pensando en voz alta, pseudociencias

8 Responses

  1. Tomás Hernández dice:

    La verdad es que, lo de cantar a Govinda, no lo entendí como una alabanza a una diosa, sino como un medio de relajar tensiones y ponernos en marcha para comenzar su explicación. Digamos que fue un ejercicio de expresión y movimiento corporal más que una alabanza religiosa. Pero es cierto que podía haber utilizado otra canción y hacer el mismo baile sin nombrar deidades.
    Lo de las pseudociencias es preocupante. Se extienden por todos los ámbitos, incluso en mi instituto, y cuando colocas un cartelito en un tablón explicando qué es la homeopatía (con fragmentos extraídos de la wikipedia) va una compañera y lo rompe airada. Y entonces comprendes que estos temas afectan directamente a las emociones, a los sistemas de creencias, y ahí es difícil mostrar, sugerir o dialogar con opiniones distintas, ni tan siquiera mostrando pruebas o datos científicos.
    No hay más ciego que el no quiere ver.

    • Aida Ivars dice:

      Gracias Tomás,

      Es cierto lo que dices sobre Govinda, y ella lo explicó así, como un ejercicio de yoga útil para ese momento. Lo he mencionado porque es un ejemplo más de falta de transparencia y por mostrar el ambiente de la charla. No se mencionó en ningún momento qué estábamos cantando, igual que cuando se comparte pseudociencia nunca se dice que es pseudociencia: se le otorga absoluta fiabilidad y se intenta disfrazar de científico (lo cual es contradictorio, por otra parte).

      Si conociéramos el idioma en el que cantamos o ella nos lo hubiera explicado, quizá algunos no hubiéramos querido pronunciar esas palabras. ¿No deberíamos de poder elegir? La falta de conocimiento lleva a la falta de libertad. Personalmente no me gusta pronunciar frases en las que no creo o que no siento, sea en el idioma que sea. Como he dicho, fue divertido y me lo tomo como un ejercicio mental interesante porque quiero quedarme con la parte positiva. Pero no estoy de acuerdo en que el fin justifique los medios. ¡Hay tantos medios para llegar al mismo fin! Por el mismo motivo preferí no ir a misa con mi lala el fin de semana pasado. Fuimos a verla, a estar con ella, comer, hablar, dar un paseo, pero ella sabe que no comparto sus creencias. Siento la muerte de mi abuelo, y me acuerdo de él todos los días, porque forma parte de mi. Pero quererle a él y a ella, no implica tener que recitar frases que no creo, o participar en actos que demuestren algo que no comparto. Mi abuela me quiere como soy, y yo a ella como es. En eso consiste el amor: en respeto. No creo que haya verdadero amor o respeto sin sinceridad.

  2. Evaristo dice:

    La verdad es que da un poco de miedo saber que pasan este tipo de cosas y que, además, entiendo que deben ser más o menos habituales.
    Se debería suponer una persona con una cierta cultura como un educador no debería comulgar con ciertos discursos.
    Es preocupante que se cuelen cosas como éstas bajo el título de “Educación en valores”.
    Todavía recuerdo lo que me costó convencer a mi cuñada (Educadora de primaria) de que la Homeopatía no tiene ninguna base científica (de hecho creo que al final me hizo caso pero no está convencida del todo).
    Gracias Aida por hacerlo público.

    (nota en letra pequeña: por favor corrige los dos “Hincapié” que hacen un poquito de daño a los ojos :-) )

    • Aida Ivars dice:

      Gracias Evaristo,
      Cada vez más creo que no debemos dar un argumento en contra sin aportar ninguna prueba. Si a quien nos dice la homeopatía le funciona, y le decimos que no es más que un placebo, estamos haciendo lo mismo que él: no aportamos ninguna evidencia que sostenga nuestro argumento, y por lo tanto, jugamos a ver quién tiene más credibilidad. No deberíamos tener credibilidad las personas, sino los argumentos. Es la única forma de ser verdaderamente críticos, de entender qué es la ciencia. Hay premios nobel que han difundido verdaderas barbaridades (los casos más conocidos son las teoría racistas de James Watson y la teoría de la memoria del agua de Luc Montagnier).
      En fin, muchas gracias por tu comentario, y por tu “hincapié” ;-) Eres un solete.

  3. anuska72 dice:

    Sinceramente, creo que las charlas pseudocientíficas no deberían tener cabida en un centro de formación del profesorado.
    Gracias por el resumen Aída, saludos.

  4. [...] profesor de ciencias debe ser escéptico Con todo esto que os he contado sobre la jornada valores, decidí hacerme socia del Circulo Escéptico. Hace mucho que sigo a la gente de la ARP-SAPC y del [...]

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